Implantes cigomáticos, a examen por el Dr. Miguel Burgueño

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Dr. Miguel Burgueño, Jefe de Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital La Paz.
Dr. Miguel Burgueño, Jefe de Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital La Paz.

La odontología moderna siempre, incluso en momentos de crisis como el actual, intenta satisfacer las demandas del paciente, que son fácilmente entendibles: no quiero estar sin dientes, no quiero estar todos los días en su consulta y no quiero que sea un tratamiento muy costoso. Esta demanda ha estimulado el desarrollo de nuevas técnicas tales como la carga inmediata, implantes inmediatos postextracción y procedimientos que evitan la reconstrucción en pro de una resolución del caso con menos implantes (all on four) o buscando soporte óseo fuera del hueso alveolar (implantes cigomáticos).

Todo, sin embargo, requiere ser sometido a una evaluación. El aspecto positivo lo ofrece el que el funcionamiento de estos procedimientos en muchos casos proporciona unos resultados equiparables a los tratamientos más estandarizados, pero también tiene un aspecto negativo y es que no en todos los casos es posible la realización de estas técnicas y la sobreindicación por parte del profesional con el objetivo de cumplir las demandas del paciente, suele tener resultados desastrosos, pasando de un caso difícil a uno desesperado.

En aquellos pacientes edéntulos de larga evolución, portadores de prótesis completas, frecuentemente en la quinta década de la vida, nos encontraremos con atrofias óseas severas. En estos casos la imposibilidad de colocar un solo implante prácticamente está asegurada. La única opción de realizar una rehabilitación convencional con implantes requiere la regeneración del maxilar, en su parte anterior y posterior. Tradicionalmente el gold estándar en regeneración ósea ha sido el injerto autólogo, tomado de la cresta iliaca o de la calota. De esta manera se puede conseguir la regeneración anterior con injertos on-lays o de aposición y elevación de seno con hueso en forma de chips de relleno. Posteriormente, pasados 4-5 meses se procede a la colocación de los implantes y 6 meses después se carga la prótesis. Inevitablemente es una intervención que requiere una anestesia general.
Actualmente, podemos conseguir el mismo objetivo tomando injertos de la mandíbula para reconstruir la zona anterior y realizar elevaciones de seno con biomateriales, con buenos resultados, sin requerir anestesia general. Pero ciertamente este esquema no entra dentro de las demandas del paciente anteriormente comentadas. Esto ha llevado al empleo de los implantes cigomáticos en los tratamientos de atrofias maxilares severas.

Los implantes cigomáticos fueron diseñados para la rehabilitación de pacientes tratados por cáncer, a los que se les había practicado resecciones de parte del maxilar. Los buenos resultados han hecho que su indicación se extienda a pacientes sanos. Inicialmente se colocaba un implante en cada cigoma lo que precisaba de otros dos implantes convencionales en posición anterior para conseguir una carga equilibrada pero hoy en día, cuando la cantidad de hueso en el cigoma es suficiente es posible la colocación de dos implantes cigomáticos a cada lado, lo que permite la resolución del caso.

Si buscamos en la literatura científica encontramos que verdaderamente la tasa de éxitos de estos tratamientos es muy elevada, del 95%, y la resolución del caso es inmediata, por lo que el índice de satisfacción de estos pacientes, que generalmente llevan muchos años con prótesis, es muy elevado.

La siguiente pregunta sería ¿por qué no se hacen mas frecuentemente este tipo de tratamientos?

En mi opinión entran en juego multitud de factores. En primer lugar, la técnica requiere de una formación quirúrgica excelente, no solo para su realización sino para la resolución de posibles complicaciones e incluso para la preparación adecuada del del caso. Por otro lado, los profesionales que dominan las técnicas reconstructivas convencionales y, por tanto, consiguen con ellas resultados muy predecibles actualmente, tienen cierta reticencia a la hora de dar el paso hacia el implante cigomático.

Por último, instintivamente hay tendencia a la reconstrucción dado que parece más fisiológico recuperar el hueso perdido, con la idea de conseguir un mejor resultado a largo plazo. En estas situaciones la pérdida de un implante convencional es menos grave que la de un implante cigomático, pero verdaderamente esta hipótesis está por demostrar. Hacen falta estudios a largo plazo que comparen las dos modalidades de tratamiento y muestren las ventajas e inconvenientes de cada uno. El problema es que no es fácil hacer seguimiento de casos durante al menos 20 años.

¿Qué hacer mientras llegan esos resultados?
La decisión la debe tomar el paciente, dándole la información de la forma más objetiva posible, pero sabemos que el paciente decidirá lo que el profesional sugiera. Mi criterio es que en pacientes más jóvenes tendería a la reconstrucción, mientras que en pacientes de más edad el tratamiento con implantes cigomáticos me parece una alternativa correcta para una rápida resolución del caso y con resultados equiparables a los tratamientos convencionales.

Como conclusión decir que los implantes cigomáticos deben estar en el armamentario de cualquier cirujano a la hora de tratar pacientes con atrofias severas y tengo la seguridad de que se hablará mucho de ellos en el futuro.

 

 

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